Ya habéis sabido nuestra partida [...]. Mas yo pienso que nuestro regreso ha sido querido por Dios para que las cosas que hay en el mundo puedan ser conocidas.


Deo gracias. Amen.

Del final del libro: Marco Polo. Libro de las Maravillas.

viernes, 3 de agosto de 2012

LA DESPEDIDA TRAS EL RETORNO


Como ya he anunciado, ésta será la última entrada del blog marcopoleanodoporasia, una vez finalizado nuestro viaje por Tailandia y Camboya. En ella haré algunas apreciaciones finales y algunos comentarios sobre cosas que no han tenido cabida en entradas anteriores.

Empezaremos, como ya hicimos en el blog viajandoporargentina aportando una serie de datos del viaje: 

-     * Hemos recorrido en estas tres semanas unos 30000 kms., incluyendo todos los desplazamientos en avión (Madrid-Dubai-Bangkok, Phnom Penh-Bangkok-Chiang Mai, Chiang Mai-Phuket y Phuket-Bangkok) más los viajes en autobús, microbús o taxi entre ciudades (Cáceres-Madrid-Cáceres, Bangkok-Ayuttayha-Bangkok, Bangkok-Siem Reap, Siemp Reap-Phnom Penh). Al margen quedan todos los kilómetros realizados durante las visitas en muy distintos tipos de transporte, que no han sido pocos (tuc-tuc, taxi, tren aéreo, taxi, barcotaxi, lancha 3 motores, barcos clásicos,…).

-     * El punto más distante desde el lugar de origen (Cáceres) ha sido la ciudad de Phnom Penh, a unos 105º 50´Este.

-      * Las latitudes extremas durante nuestro viaje han sido:
   - La más al norte: proximidades de Chiang Dao –al norte de Chiang Mai-   19º 20´Norte
   - La más al sur: isla Phi Phi Leh     7º 40´Norte


Con respecto a las cosas que hemos visitado o realizado durante estos días:
  1. ·       La de mayor nivel artístico y cultural ha sido, sin duda, la visita al enorme complejo de los templos de Angkor, una maravilla.
  2. ·         La más dura y de mayor valor sentimental fue la visita al Museo del Genocidio y el Campo de la Muerte de Phnom Penh.
  3. ·         La más exótica y emocionante ha sido el contacto con los tigres de Bengala en Chiang Mai.
  4. ·         La más divertida ha sido realizar snorkel en las islas Phi Phi.
  5. ·         La más cansada: el largo viaje en microbús entre Siem Reap y Phnom Penh.


En alguna entrada dije que hablaría más despacio de las comidas: es el momento. Hemos comido muy bien a lo largo de todo el viaje. La comida tailandesa y camboyana es variada (las cartas solían ser bastante extensas), muy sabrosa, en general bastante especiada y, en ocasiones, un tanto picante. Incluso la comida preparada en los puestos callejeros, muy abundantes, tenía un aspecto impecable y estaba bastante rica. Hemos comido variedad de rollitos (rellenos de verdura, carnes, gambas,…), variedad de arroces, nuddles, pad thais diversos, curris variados (muy sabrosos los guisados con salsa de coco) y pescados riquísimos… y una variadísima gama de frutas –piña, mango, papaya, sandía, fruta dragón, durián,...- que podías comprar por poco dinero en puestos callejeros.
No nos hemos atrevido, sin embargo, con la “comida exótica” que exponían en diversos puestos callejeros –y que ellos comen con asiduidad-: me estoy refiriendo a saltamontes, gusanos, cucarachas de agua, escorpiones, serpientes,… Veías a los camboyanos comprarse una bolsita de saltamontes pequeños (fritos con varios guisos) y comérselas como el que se come una bolsa de pipas. Repito: no nos hemos atrevido.



Desde un punto de vista geográfico quizá uno de los aspectos más interesantes haya sido la contemplación de los enormes campos de arroz en los dos países, pero quizá nos han parecido especialmente hermosos los de Camboya. Durante todo nuestro recorrido por el país, desde la frontera de Tailandia en el noroeste hasta Phnom Penh al Sur, el paisaje que hemos visto era absolutamente llano, con muy pocas colinas de escasa altitud y absolutamente lleno de campos de arroz en distintas etapas de su fase de cultivo y madurez, desde los campos arados –con los bueyes tradicionales- y preparados para ser inundados, pasando por varias fases de maduración del grano, hasta las tareas de recolección. Diferentes todos de verdes en parcelas geométricas y, cuando estaban con agua, brillantes daban al paisaje una bonita variedad a pesar del monocultivo dominante. Palmeras cocoteras, maíz, frutales y pequeñas huertas completaban el paisaje agrario de Camboya.


Otro aspecto que nos ha llamado la atención ha sido la importante diferencia de desarrollo entre Tailandia y Camboya (debo aclarar que en Camboya hemos hecho todos los transportes por carreteras, mientras en Tailandia la mayoría los hemos hecho en avión, con lo que hemos conocido mejor el paisaje y la forma de vida camboyana). Comparados, Tailandia parece un país bastante más desarrollado y moderno que Camboya, con mejores sistemas de transportes, mejores carreteras, una forma de vida, en las zonas que hemos visitado, menos rural y más moderna, un mayor desarrollo tecnológico, etc. Camboya, probablemente por la herencia de la época de los jemeres rojos, que impusieron una obligatoria vida rural y pretendieron vaciar las ciudades, conserva una forma de vida muy rural y tradicional, con viviendas de maderas muy tradicionales y elementales distribuidas a lo largo de las carreteras y de los campos: un pequeño huerto, unas gallinas y, en ocasiones, alguna vaca parecían todas las pertenencias de la mayoría de las familias, que extraían el agua de pozos. En ocasiones un cobertizo junto al camino para vender algún producto de huerta o frutal (y unas curiosas “gasolineras”) completaban el paisaje visto desde la carretera; detrás, los constantes arrozales. En el mundo rural de Camboya, uno parecía haber puesto la máquina del tiempo y haberla retrasado unas cuantas décadas. 

Paradójicamente, respecto del turismo, Camboya nos ha parecido un país caro: han adoptado el dólar como moneda de uso general y, quizá, eso haya incrementado los precios (incluso de los productos de supermercado); pero lo más lamentable es que los precios de lo ofertado no se corresponden, en ocasiones, con los servicios ofrecidos. Me refiero particularmente a visitas a lugares turísticos: pagamos muy cara una visita a una aldea flotante (que luego, como dije, estaba en el aire por el bajo nivel del río) y los servicios ofrecidos (era un bote bastante cutre y el viaje duró poco más de una hora) fueron muy, muy pobres. Es un aspecto que deben cuidar los camboyanos, porque no creo que les beneficie (al hilo de esto hay otra pregunta que nos hemos hecho más de una vez: ¿dónde van a parar los beneficios de estos ingresos turísticos si el país parece, en general, dormido en su desarrollo?¿?).
 
También hay que hacer una mención particular a los niños: importantes cantidades de niños que te encontrabas en todas partes, siempre dispuestos a dedicarte una sonrisa y a hacerte un saludo. A lo largo de las carreteras camboyanas te los podías encontrar con sus mochilas yendo o viniendo a las escuelas: andando junto a la carretera, en bicicletas (montados de uno en uno o de tres en tres), o trasportados en motocicletas por algún familiar: y podía ir el conductor con 2 o 3 niños más montados en la moto. Hasta parecían contentos de ir a la escuela (no como los nuestros que lo tienen todo y parece que hay que obligarlos a ir a aprender algo). 


 Como punto final, hay que señalar que, en general, tanto los tailandeses como los camboyanos son gentes muy amables, simpáticos y siempre con una sonrisa y un saludo que dedicarte…-salvo los pesados de los tuc tuc y los taxis, todo el día ofreciéndote sus servicios- nos han tratado con mucha amabilidad y cordialidad… y en todo momento nos hemos sentido mucho más seguros que caminado, por ejemplo, por la Gran Vía de Madrid.

Bueno, creo que esto ya no da para mucho más.

Quiero agradeceros a todos los que habéis seguido el blog, hayáis hecho o no comentarios en las entradas, vuestra atención e interés. Espero que el contenido del blog no os haya decepcionado.

Nada más, abrazos para todos y… ¡¡hasta otro viaje!!.