Ya habéis sabido nuestra partida [...]. Mas yo pienso que nuestro regreso ha sido querido por Dios para que las cosas que hay en el mundo puedan ser conocidas.


Deo gracias. Amen.

Del final del libro: Marco Polo. Libro de las Maravillas.

martes, 31 de julio de 2012

PHUKET Y LAS ISLAS PHI PHI

Esta entrada debía haberla hecho hace 2 o 3 días, pero problemas con la conexión de internet en el último hotel y las 24 horas de viaje de vuelta impidieron que pudiera hacerla: en consecuencia, como podéis deducir, ¡ya estamos de vuelta en casa!. Comentaré los días pasados en el sur de Tailandia, en Phuket, y dejaré algunas consideraciones finales para una última entrada. 

En Phuket hemos estado en un hotel familiar y cómodo -¡y de nuevo con una maravillosa piscina que hemos utilizado todo lo que hemos podido, especialmente en unos relajantes baños nocturnos!-


Como teníamos 3 días finales (el viaje se ha completado con uno más para volver a Bangkok -con problemas de retraso con los aviones- y otras 24 horas de vuelta desde Bangkok hasta Cáceres) decidimos dedicar 2 a hacer visitas a islas del parque nacional de Ao Phangnga -preciosas estructuras de islas calizas con cuevas- y las islas Phi Phi, situadas en el estrecho de Malaca al sur de Phuket, un destino clásico para playas, buceo,...; el tercer día, en realidad el central de los días en la zona, lo hemos dedicado a ir tranquilamente de playa.


El primer día fuimos en un barco tranquilo montando en canoas para entrar en cuevas, visitando -y bañándonos en ellas- playas preciosas y disfrutando de un paisaje espectacular. El barco nos abasteció de comidas y bebidas todo el día; fue una experiencia muy divertida.


Como curiosidad comentar que una de las islas que visitamos es la conocida como isla James Bond, ya que en ella se rodaron escenas de una película del agente 007 cuando lo intrepretaba Roger Moore, en concreto El hombre de las pistolas de oro, de 1974. He aquí la demostración.


El segundo día de excursión -tercero de nuestra estancia en Phuket- hemos visitado las islas Phi Phi (Phi Phi Leh y Phi Phi Don y otros islotes), archipiélago en el mar de Andamán muy turístico. Esta vez viajamos en una potente lancha trimotor: la experiencia más novedosa y divertida del día fue la práctica de snorkel (es decir, buceo con tubo para respirar) que nos posibilitó una magnífica visión de la enorme variedad, y colorista, de peces en los corales costeros. También nos pudimos bañar en playas de arena  blanquita (entre ellas en la que se rodó la película La playa de Leonardo DiCaprio -otra película que se rodó por aquí es La isla de las cabezas cortadas, de Geena Davis-). En el barco íbamos con un grupo numeroso de japoneses -suponemos- que no sabían nadar, por eso en la fotografía, tomada antes de sumergirme yo también, podéis apreciar que casi todos utilizaban chalecos salvavidas. Os dejo varias imágenes de viaje.


Otra curiosidad es que esta es zona de tsunamis, en realidad fue una de las zonas más afectadas por el tsunami de Sumatra de las navidades de 2004, y encontramos en diferentes lugares carteles anunciándolo y diciendo, más o menos, que si te ves en uno que "huyas por donde puedas".


 En fin, que han sido unos días divertidos y tranquilos, alejados de las muy ajetreadas ciudades tailandesas y camboyanas y más relajantes que los anteriores del viaje: esa es la razón por la que habíamos decidido dejar esta zona para el final de nuestro periplo.

El día 29 lo dedicamos a viajar de Phuket a Bangkok y, aunque era un viaje corto, la poca formalidad de la compañía aérea nos retuvo varias horas más de las esperadas en el el aeropuerto de Phuket. Nuestra intención era volver, esta última noche, a la terraza del Sirocco para tomar una copa y disfrutar de nuevo de las magníficas vistas sobre Bangkok, pero estaba la noche metida en agua -de nuevo- y, lamentablemente, no pudimos despedirnos de la ciudad como se merecía. Tendrá que ser en otra ocasión.

Por último, el día 30 ha sido el de la vuelta a casa: salimos del hotel de Bangkok antes de las 7 de la mañana y llegamos cansados de viaje a la casa de Cáceres a eso de las 2 de la madrugada del 31 (que serían las 7 de la mañana en Bangkok): en total, prácticamente 24 horas de viaje. (Por cierto, el viaje de vuelta ha sido de nuevo con la compañía Emirates, tan cómodos los aviones y tan atentos los azafatos/as como en el viaje de ida).

Esto ha sido todo lo que ha dado de sí nuestro viaje a Tailandia y Camboya; un trayecto muy variado e interesante que hemos disfrutado mucho y que nos ha servido para desconectar totalmente de las actividades diarias del resto del año (¿clases?, ¿alumnos?: "¿qué cosas son aquestas Sancho, que no puedo recordar?").

Bueno, en los próximos días haré una última entrada para contar curiosidades y dar por concluido el blog.

Saludos para todos.

jueves, 26 de julio de 2012

LOS DÍAS PASADOS "por agua" EN CHIANG MAI

Hola a todos y todas:

Como estamos haciendo habitualmente, ya que nuestro viaje se está ajustado bastante a las previsiones iniciales, hoy, ya desde Phuket, el  penúltimo destino de nuestro periplo,  contaremos las jornadas pasadas en Chiang Mai, ciudad situada al norte de Tailandia.

La verdad es que Chiang Mai, después de venir de Bangkok, Siemp Reap o Phnom Penh, es un remanso de tranquilidad urbana: mucho menos tráfico, mucho menos moscones ofreciéndote taxi, tuc tuc o cualquiera otra cosa, y bastante menos gente: en consecuencia, una ciudad menos agobiante y con más posiblidades de paseo urbano..., si no fuera por un "pequeño" impedimento: la lluvia. Nos ha llovido muchísimo en Chiang Mai, tanto como para no poder realizar algunas de las actividades que, inicialmente, teníamos previstas.


De cualquier forma, excluyendo el tema de la lluvia, Chiang Mai nos ha aportado una pequeña "decepción", ya que es excesivamente turística para nuestro gusto: es decir, no tienes apenas libertad para elegir actividades, y no porque no las haya (que las hay casi a cientos), sino por el hecho de que están excesivamente preparadas para acoger a un turismo de masas, que llega a Chiang Mai con paquetes cerrados de varios días en los que tienen a los turistas muy ocupados, pero que te deja pocas opciones si quieres ir un poco de "por libre". Entre este aspecto y la enorme cantidad de lluvia que nos ha caído, hemos estados un poco "limitados" en cuanto a nuestras espectativas (al parecer la gran cantidad de lluvia que nos ha caído estaba relacionada con el tifón que está azotando a China y cuya influencia se ha extendido al norte del sureste asiático).

Pues bien, llegamos a Chiang Mai el sábado 21 por la noche después de volar desde Phnom Pehn haciendo escala en Bangkok, por lo que ese día nos acostamos directamente al llegar al hotel.
El domingo lo dedicamos a conocer la ciudad, sus templos más famosos, la parte antigua, la zona del río y visitar algunos concurridos mercados -diurnos y nocturnos- que ofrecían una buena variedad de productos: lástima que nosotros seamos poco "de mercados" y éstos nos cansen bastante, ya que entendemos que a otros les darían mas juego.


Como apreciaréis en las imágenes, los templos de esta zona son bonitos, con ciertas peculiaridades arquitectónicas del norte de Tailandia, de los antiguos reinos de los Lanna.

 

Ya veis en las imágenes que nos hemos familiarizado con los budas -a cientos, oiga- y las nagas (las serpientes que decora los templos: otros cientos).

Para llevar a cabo algunos viajes y actividades del lunes y el martes alquilamos un coche con conductor que nos fue llevando donde le indicábamos: pero, como he dicho antes, todo estaba excesivamente dedicado a un turismo muy masivo para el que hay cientos de actividades en el entorno de 30-40 kms. de la ciudad. Intentamos evitarlos como pudimos (muy especialmente nos negamos a acudir a espectáculos de doma y monta de elefantes -de gran demanda turística-, a exhibiciones de serptientes o de monos), pero, inevitablemente, si querías hacer algo durante el día, había que seleccionar algunos de ellos. Nosotros elegimos dar un paseo largo por un jardín botánico, con muchas orquídeas y con gran variedad florística dentro de un entorno de bosque tropical, solitario y muy tranquilo.


Después, nuestro conductor-guía nos llevó a "conocer" tribus de las montáñas del norte del país: lamentablemente se trataba de un poblado donde tenían reunida a una cierta cantidad de población de ocho grupos étnicos, pero de forma bastante artificiosa (incluso había que pagar entrada al "poblado"): se trataba de una reserva-comunidad antropológica preparada para que los turistas apreciaran la forma de vida de diferentes grupos étnicos: aunque había poca gente, resultaba bastante artificioso -incluso las artesanías que vendían los ocho grupos étincos eran iguales ¿?-. La estrella indiscutible, y el grupo más numeroso, eran la mujeres-jirafa. Repito, aunque resultaba vistoso y hasta curioso (os dejo una fotografìa con una mujer jirafa), todo estaba muy preparado y hay que confesarlo así para que nadie crea que nos hemos adentrado por bosques peligrosos donde viven aldeas perdidas y hemos entrado en contacto con grupos aculturizados: nada de eso. De lo que sí estaba rodeada la aldea era de unos arrozales preciosos, que trabajaban los grupos étnicos en comunidad.



Pero la estrella de la jornada -aunque sea una concesión a las actividades preparadas para el turismo de masas- fue, sin duda, el rato que pasamos con tigres de bengala: 



Era una especie de reserva de tigres -Tiger Kingdom- (supongo que nacidos y criados en cautividad), en la que  -bajo la atención de un cuidador- podías estar 15-20 minutos con tigres de bengala (elegías el tamaño de los tigres y, en función de ello, pagabas); aunque parezca todo muy preparado, acariciar tigres tiene su punto: son unos animales preciosos y, especialmente los grandes (nosotros elegimos los grandes y los pequeñines de 3 meses), imponen mucho respeto.


A partir de ese momento se puso a llover ese día y todo el día siguiente,... y a llover con mucha fuerza, que te impedía, practicamente, cualquier actividad.


Para nuestro último día en Chiang Mai nuestro conductor-guía (yo creo que un poco desesperado por el hecho de ver que no encajábamos demasiado en el prototipo de turista -se extrañó repetidamente de que no quisiéramos ir a ver elefantes-) nos propuso ir a ver una gruta caliza con estalactitas y estalagmitas y unos templos en la montaña a unos 70 kms. de Chiang Mai: allí fuimos bajo una lluvía tremenda; la cueva, como era interior, pudimos visitarla con normalidad, pero para visitar los templos, a los que había que subir a través de unas 400 escaleras bajo la lluvia, tuvimos "algún problema" -calada-, aunque subimos. En la última fotografía podéis ver a Vega recibiendo las bendiciones de un monje budista.




Lamentablemente, el tiempo meteorológico no hizo más que empeorar y tuvimos que refugiarnos en el hotel (éste sin piscina) hasta que, aún bajo la lluvia, salimos a cenar algo.

A la mañana siguiente ya no llovía: pero era el momento de coger un avión: ahora estamos en Phuket, isla paradisíaca al sur del país (cerca de Sumatra donde, creo, ha habido un terremoto) y.... hace un tiempo cojonundo (ni llueve ni tiene intenciones). Ya contaremos la estancia en Phuket; ahora es tardísimo y tengo sueño.

Ya nos quedan pocos días, lastima.

Besos generales. 

lunes, 23 de julio de 2012

DE LOS DIAS EN PHNOM PENH

BUENAS NOCHES:

Aunque en estos momentos ya estamos de vuelta en Tailanda, en la ciudad de Chiang Mai -al norte del país-, esta entrada estará por entero dedicada a los días que hemos pasado en Phnom Penh.

La estancia en Phnom Penh ha sido un tanto paradójica: por un lado la ciudad es bastante caótica, con un tráfico tremendo y muchísima gente por las calles; por otro lado, el hotel que pillamos por internet, en pleno centro, era  muy cómodo y bonito y tenía una piscinita de lo más apetecible.


Como ya indiqué, llegamos a eso de las 2 de la tarde a Phnom Penh después de un  viaje en autobús largo, con muchas obras y cansados; pues bien, la llegada al hotel -céntrico, justo en las traseras del Palacio Real,  y como un oasis en la ruidosa Phnom Penh- nos permitió un ratito de relax y lectura que nos supo a gloria. Tras el descanso salimos a dar un paseo por la ribera del Tonlé Sap -río que desemboca en el Mekong justo en Phnom Penh- que estaba muy animada, con familias paseando, gente haciendo gimnasia en grupo, jugadores de futbol o similar -incluso creimos detectar algún turista sexual (occidentales maduritos paseando o de la mano de camboyanas muy jovencitas)-. En la fotografía que os dejo abajo podéis ver a Vega -por fín- con el Tonlé Sap de fondo.


Tras tomar una cervecita en una terraza con vistas a la ribera buscamos un sitio para cenar y acabamos hacíéndolo en el FCC, un bar-restaurante que en su día, en épocas convulsas de guerra, fue el club de corresponsales extranjeros (Foreing Correspondents´ Club). Al llegar al hotel no pudimos resistirnos a la piscina y nos dimos un bañito, nocturno y solitario.


La mañana siguiente, tras conseguir un tuc-tuc que nos desplazara por la ciudad, la dedicamos a unas visitas tradicionales en Phnom Penh -obligatoria, pero no muy grata-: los restos de la brutalidad genocida llevada a cabo en los años 70 por los jemeres rojos. En primer lugar visitamos el Museo del Genocidio de Toul-Sleng, el S-21, en realidad la cámara de prisión y tortura de los jemeres rojos: el lugar -una antigua escuela- donde Pol Pot y sus secuaces apresaron y torturaron a miles de personas (lo más cercano en Europa serían los campos de concentración nazis). En fin, una visita muy, muy triste como os podéis imaginar por la foto que os dejo abajo -tomada desde uno de los pasillos-.


Si queréis un poco de información sobre los jemeres rojos, aunque sea de wikipedia, podeis pinchar en el siguiente enlace: JEMERES ROJOS.

Completamos la visita con el Campo de la Muerte de Choeung Ek, a unos 20 kms. de la ciudad: era el lugar donde, tras el encarcelamiento y tortura, fueron ejecutados miles de presos procedentes del S-21, y donde se han hallado los restos de unas 9000 personas. En 1998 se construyó allí un pabellón-memorial para conmemorar la memoria de los ejecutados en aquella barbarie entre camboyanos.


Como os podéis imaginar, al terminar la visita, para liberación de nuestras mentes, nada mejor que un bañito en la piscina del hotel..., pero... mientras estábamos en ello se puso a llover:... el monzón del siglo...; la tormenta duró varias horas y vimos peligrar una excursión en barco por el Mekong que teníamos preparada para la tarde. Por fortuna, la lluvia cesó a eso de las 6 de la tarde (el viaje en barco estaba previsto para las 5) y, cuando ya dábamos por anulado el viaje, pudimos embarcarnos en un  bote pequeñito pero muy cómodo (estabamos 4 personas y 2 de tripulación) que nos dió un precioso paseo por la desembocadura del Tonlé Sap en el rio Mekong: pudimos ver una aldea flotante de pescadores vietnamitas y apreciar maravillados desde el barco cómo caía la noche sobre Phnom Penh: una experiencia inolvidable.



                       
El último día de nuestra estancia en Phnom Penh  lo comenzamos con las visitas más tradicionales y turísticas: el Palacio Real y la Pagoda de Plata: es decir, la residencia oficial del rey de Camboya (lo poco que se puede ver), en estilo jemer clásico, aunque se construyó en el siglo XIX, y el  conjunto de templo más famoso de la ciudad (Wat Preah Keo).


Teníamos que estar en el aeropuerto a eso de las 3 de la tarde; como os podéis imaginar antes de irnos nos despedimos de la ciudad dándonos un bañito en esa piscina del hotel a la  que tanto jugo hemos sacado.

Bien, como se aprecia, Vega se ha estrenado con un papel estelar en esta entrada: con ello queda demostrado que ni he venido solo, ni la han secuestrado, ni la he cambiado por un par de elefantes. Si no ha salido antes en las afotos es por la sencilla razón de que ella no ha querido. ¿Aclarado el tema?.

Pues muchos besos para todos y todas que es tarde y me voy a acostar.

- Como dije al principio de la entrada: ya estamos en Chiang Mai, en el norte de Tailandia; pero, como siempre, esa será otra historia y la contaremos otro día; "esta es la realidad y así se la hemos contado"-.

jueves, 19 de julio de 2012

LOS FAMOSOS TEMPLOS DE ANGKOR

En la entrada anterior comentamos nuestra llegada a Siem Reap, la ciudad que es el puerto de entrada a los famosos templos de Angkor, patrimonio de la Humanidad.
Los templos de Angkor son, sin duda, uno de los puntos fuertes de nuestro viaje y son, probablemente, la obra maestra de la arquitectura del sureste asiático. Se trata de un enorme complejo de templos construidos aproximadamente entre los siglos IXy XIII en varios estilos arquitectónicos que tardan varios días en visitarse, ya que, entre unos y otros hay notables distancias; para poder recorrerlas nosotros hemos recurrido al cómodo recurso del tuc-tuc (acordándolo previamente con el conductor, el tuc-tuc va recorriendo la ruta que le indiques al conductor quien te espera a que tú realices la visita, que en algunos casos se puede demorar 2 horas o 2 horas y media). 


El más famoso de los templos es Angkor Wat, que pasa por ser el monumento religioso más grande del mundo y es una de las imágenes típicas de Camboya -también de sus billetes- y que corresponde con la imagen anterior.
También es enorme el complejo de Angkor Thon, en realidad una gran ciudad -la mayor del imperio Jemer- fundada en el siglo XII en cuyo interior hay numerosas ruinas visitables, quizá la más conocida sea la que se sitúa en el centro de la ciudad: el Bayón, que es el templo con las caras esculpidas en piedra que podéis ver abajo.


Como no es cuestión de que vaya nombrándolos todos, hemos visitado en torno a 20 ruinas diferentes, os dejo una serie de imágenes de algunos de ellos (debo llamar la atención sobre algunas de las ruinas "devoradas" por la vegetación que harían la delicia de Indiana Jones).



Si os fijáis en esta última imagen, se trata de un relieve que fotografié en uno de los templos (creo que era del siglo XI) y surge inmediátamente un interrogante: ¿cómo podían conocer en esa época la existencia de los dinosaurios -lo que está representado parece un stegosaurio o algo así-?.

En fin, que si debemos hacer una valoración del conjunto de Angkor deberíamos recurrir a los calificativos que ya usamos en el blog anterior para describir el Perito Moreno o las cataratas de Iguazú: ma-ra-vi-llo-so, a-som-bro-so,... Realmente es un complejo precioso.

El último día en Siem Reap nos le tomamos, con un poco más de tranquilidad y reposo (la visita a los templos la hicimos con un calor tremendo todo el día y en jornadas bastante maratonianas): decidimos ir a visitar una aldea flotante en las proximidades del lago Tonlé Sap (un enorme lago que está a unos 15 kms. de Siem Reap): fuimos en tuc-tuc hasta embarcarnos en unos botes que tienen preparados, pero la visita fue decepcionante: carísima para lo que ofrecían y, además, en esta zona ha llovido poco esta estación húmeda -no nos ha vuelto a llover desde Bangkok- y el lago estaba muy bajo, con lo que la aldea en lugar de estar flotante estaba "en las nubes" desde nuestra visión.


Eso sí, el trayecto en tuc tuc hasta donde embarcamos, por caminos sin asfaltar buena parte del tiempo, nos permitió conocer un poco de la geografía de Camboya y de la forma de vida, muy agraria y bastante precaria, de sus habitantes.

Decir algo también de Siem Reap: se trata de una ciudad bulliciosa y absolutamente caótica en cuanto a la circulación: cientos de vehículos de todo tipo -bicis, motos, tuc-tuc, coches, carricoches,... y con cualquier inesperado cargamento -hemos visto alguna bicicleta con tres personas en las que el conductor llevaba un gotero que iba colgado en un palo- y que circulan a la vez en todas las direcciones posibles.


Aunque algún otro día hablaré más extensamente sobre la comida, diré que estamos comiendo bien -mejor cenando: habitualmente al mediodía comemos sólo algo de fruta-, en general, estamos tomando comida local: es variada y está bastante buena -que os voy a decir si todos conocéis los "chinos"; bueno pues nada que ver: es mucho más sabrosa y variada-; algún día nos hemos encontrado algún picante inesperado, pero eso aquí es normal. Sólo quiero comentar la cena que hicimos una de las noches en Siem Reap: nos aventuramos y, además de unos rollitos que no eran de verdura, sino de carne (¡bién, yo sabía que debían existir aunque en los chinos no los tengan!), pedimos una "parrillada" para asar en la mesa en un recipiente preparado para tal efecto;  las carnes eran de serpiente, cocodrilo, ternera, pollo y calamar (sí, ya sé que esto no es carne). Bueno, pues estaban bien: la carne de serpiente es bastante gomosa, chiclosa, pero la de cocodrilo estaba bastante rica. En la fotografía inferior podéis ver las "etiquetas" de cada tipo de carne.



Por hoy acabo el relato: ya hemos abandonado Siem Reap y estamos en la capital de Camboya: Phnom Pehn. Hemos hecho el viaje esta mañana en microbús (300 kms = 5 horas y media) y nos hemos instalado en un hotel magnífico que tiene una piscina de lujo... Pero lo que dén de sí los días en Phnom Pehn lo contaremos en otra ocasión.

Me voy a acostar que es tarde.

Besos varios.

miércoles, 18 de julio de 2012

DEL VIAJE A CAMBOYA

Hola:
En la última entrada mencionamos que estábamos ya en Camboya: el viaje desde Tailandia a Camboya lo hicimos el domingo y dijimos que os contaríamos cómo lo hicimos.
 
Viajamos en bus y taxi desde Bangkok a Siem Reap: son unos 500 kilómetros que hay que dividir en dos partes: una hasta la frontera camboyana y otra para llegar a Siem Reap. Para llegar a la frontera camboyana habíamos sacado billete de autobús de línea regular el día que fuimos a Ayuttayha; salimos a las 9,30 de la mañana de Bangkok -afortunadamente, como teníamos experiencia para llegar a la estación de buses, esta vez llegamos sin problemas- y, aunque en teoría eran 4 horas de viaje, en realidad fueron casi 6. Una de las razones por las que decidimos viajar en bus fue para conocer un poco el país y ver algo de Tailandia: fue bastante decepcionante: el paisaje tailandés por esa frontera no era demasiado bonito y no cumplió las espectativas.
 

A eso de las 15,15 llegamos a la población que hace frontera: allí tomamos un tuc-tuc para que nos acercara a los puestos fronterizos, pero como aquí todo el mundo está acostumbrado a "morder" algún beneficio, el tio capullo del tuc tuc nos paró en un punto en el que había unas oficinas de las que salieron unos tipos a recibirnos indicándonos que entráramos: se trataba de una agencia de viaje que pretendía vendernos los visados de entrada a Camboya (probablemente a precio de agencia); como vamos teniendo experiencia, no picamos, salimos como pudimos de allí ya que nadie de las oficinas nos quería indicar dónde estaba el puesto fronterizo que tuvimos que buscar nosotros en una zona bastante caótica. Una vez en la frontera el trámite fue relativamente rápido y sencillo. El único "pero" es que, como he dicho todo el mundo está acostumbrado a morder y, para sacar el visado de entrada en Camboya, la policia tailandesa, además de cobrarte los 20 dólares que cuesta el visado te cobran 100 baths -moneda tailandesa-, no oficiales, que engrosa sus sucios bolsillos: en fin...mundo. Tras sellar los pasaportes en la frontera tailandesa y la camboyana, llegamos a Camboya. Esta es una imagen de la entrada a Camboya por la frontera.
 

Ahora quedaba la segunda parte del viaje: llegar a Siem Reap. Haciendo los trámites fronterizos coincidimos con una pareja española -el madrileño, ella de Badajoz- y, en seguida, nos asociamos para coger un taxi entre los cuatro hasta Siem Reap (la otra alternativa era buscar la estación para ir en bus: pero se tarda bastante en llegar). El regateo fue rápido y, rápidamente, estábamos viajando hacia nuestro destino, al que llegamos en poco más de dos horas.

A diferencia del tailandés, el paisaje camboyano, lleno de arrozales y con la carretera llena de vida (gente, bicis, tuctuc,....) es mucho más bonito.

Finalmente habíamos llegado a Siem Reap, la población de entrada a los templos de Angkor, patrimonio de la Humanidad.